Aventuras de una joven investigadora en el campo de la neurociencia - CEU Universities

Aventuras de una joven investigadora en el campo de la neurociencia

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Aventuras de una joven investigadora en el campo de la neurociencia

Toda mi vida he soñado con ser científica. Desde siempre he visto en la ciencia un camino para poder ayudar a los demás. Es cierto que no es lo mismo ser científico que misionero en un lugar inhóspito, pero creo que también desde un laboratorio se puede hacer un mundo mejor. Esto siempre ha sido y será mi gran objetivo y el motor de mi actividad científica.

Como veis, la meta y la motivación siempre la he tenido clara. Pero, ¿cómo podía empezar a ponerme en marcha?

Tuve la gran suerte de tener excelentes profesores de química y biología durante secundaria y bachillerato que me guiaron muy bien. ¡Qué importante es tener profesores con verdadera vocación y pasión que sepan despertar a las nuevas generaciones de científicos!

Así me decidí a estudiar Farmacia. No fue una decisión alocada. Una vez más me dejé asesorar por grandes mentores que he tenido a mi alrededor, que me ayudaron no sólo a que decidiera bien qué carrera estudiar sino también a pensar qué quería hacer después de la Universidad.

Y así con 17 años, siendo una niña sin prácticamente ningún conocimiento sobre ciencia, conocí a la que es hoy mi directora de tesis. Desde el primer momento me entusiasmó lo que me contó y supe que quería ser como ella. Tuve la suerte de poder empezar la carrera sabiendo a lo que me quería dedicar después. Visto en perspectiva, me doy cuenta que fue un regalo saber esto, ya que supe desde el primer momento cómo enfocar mis decisiones para poder acceder a un centro de investigación.

Finalmente, gracias al apoyo de muchas personas -en especial de mis padres y mis profesores de la Universidad San Pablo CEU-, estoy cumpliendo mi sueño de poder investigar y realizar mi tesis doctoral bajo la dirección de las doctoras Ana Martínez y Carmen Gil.

A lo que me dedico día a día (y el tema de mi tesis) es a intentar buscar nuevos fármacos para tratar enfermedades neurodegenerativas, como el alzhéimer o la enfermedad de Parkinson, entre otras. Estas patologías se caracterizan por una muerte progresiva de neuronas en distintas zonas del cerebro. Son enfermedades que preocupan mucho a la sociedad, ya que en la actualidad, a pesar de todos los esfuerzos que se han hecho y de todos los recursos que se han empleado, todavía no se ha aprobado un tratamiento efectivo. Únicamente disponemos de distintos fármacos que sirven para paliar los síntomas pero aún no hay nada que frene el curso de las mismas. Otra cuestión fundamental a considerar es que el principal factor de riesgo de estas enfermedades es la edad y como la esperanza de vida ha aumentado tanto durante los últimos años, estas patologías son cada vez más prevalentes.

Una de las estrategias que nos planteamos en el grupo de investigación al que pertenezco es la posibilidad de intentar generar neuronas nuevas. Aunque parezca increíble porque toda la vida nos han dicho que las neuronas no se regeneran, gracias a la gran labor del doctor Joseph Altman, hoy sabemos que existen unos puntos muy concretos en el cerebro humano en los cuales hay células madre neuronales que cuando se activan correctamente son capaces de generar nuevas neuronas. Nuestra idea es intentar activar por medio de un fármaco dichas células madre neuronales para que generen nuevas neuronas que compensen a las que se están muriendo.

Es decir, nosotros ‘creamos’, sintetizamos, entidades químicas nuevas gracias a los grandes avances de la química orgánica y después probamos estas moléculas nuevas en distintos modelos para determinar si son capaces o no de activar a las células madre neuronales. Para determinar esta actividad biológica, utilizamos principalmente dos técnicas que os muestro en el vídeo asociado a este artículo.

Actualmente me encuentro en la Universidad de Harvard, en el laboratorio del profesor Stephen J. Haggarty, en el Hospital General de Massachusetts, aprendiendo una de las técnicas que os cuento en el vídeo. Y a pesar de que hace un frío terrible, estoy encantada. Estoy aprendiendo y disfrutando muchísimo y muy agradecida de poder tener esta oportunidad. Aquí he podido reafirmar mi vocación como científica y darme cuenta de la gran suerte que tengo de poder dedicarme a una profesión tan apasionante.

Y es que al final, la idea que os quiero transmitir después de todo este rollo que os he contado es que los científicos no somos personas raras encerradas en nuestro laboratorio. Somos personas normales a las que nos mueve un gran ideal que es intentar hacer de este mundo un lugar mejor. Por eso es fundamental que la sociedad valore y reconozca nuestro trabajo, porque necesitamos mucha inversión y que verdaderamente cale el mensaje de que sin ciencia no hay futuro. Espero haber contribuido algo a ello con este artículo y con este vídeo.

¡Muchas gracias por prestarme atención!

Josefa Zaldivar
Estudiante de doctorado

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