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La labor de educar en salud de los profesionales sanitarios

La pandemia ha puesto de relieve que, para lograr un sistema sanitario sólido, es necesario el compromiso de la ciudadanía, de los profesionales y de la propia administración. El trabajo en equipo es fundamental sobre todo de cara a posibles rebrotes y situaciones similares en el futuro. Los profesionales de la salud trabajan para adaptarse a las novedades que ha traído la COVID-19 para seguir dando la mejor calidad asistencial. Pero, para llevar a cabo esta tarea conjunta es imprescindible prestar atención a la educación para la salud.

Que cada paciente tenga un mayor conocimiento de su estado de salud y un compromiso con este se consigue educando sanitariamente desde los primeros años. Pero también es esencial contemplar esta orientación en las universidades, para que los profesionales de la sanidad basen su práctica en unos claros valores humanistas. Sin duda las Universidades CEU están comprometidas con esta perspectiva, la que da un modelo educativo basado en la promoción del humanismo cristiano.

Educar en salud: un compromiso con el paciente y con toda la sociedad

La comunicación con los pacientes debe ser humana, próxima, cercana, y mostrar que ambas partes están involucradas por igual. Educar en salud implica formar a la ciudadanía en hábitos saludables, y va muy ligada también a la medicina preventiva. El diagnóstico precoz solo es posible con el acceso del paciente a un conocimiento detallado de su enfermedad y al manejo de la misma en su hogar y su vida cotidiana. Saber reconocer las señales de nuestro cuerpo resulta clave para detectar las patologías en una fase inicial.

Los sanitarios deberán crear oportunidades de aprendizaje que generen cambios en los hábitos hacia una vida más saludable. Esto amplía el papel tradicional de los profesionales de la salud, que se convierte en esencial para generar un cambio en la sociedad. Así, deben motivar y ayudar a la población a adoptar y, sobre todo, a mantener estilos de vida saludables. También deben trabajar en generar cambios en el entorno que faciliten esa transición, así como formarse e investigar hacia ello.

En resumen, la educación para la salud se orienta a:

  • Informar a la ciudadanía sobre la salud y cómo mejorar su estado.
  • Promover y motivar hábitos más saludables entre los pacientes.
  • Aportar conocimientos y actitudes para mantener un estilo de vida saludable.
  • Promover cambios en el entorno y en la sociedad en general que puedan afectar a la salud de las personas.
  • Participar de la formación y capacitación de los educadores.
  • Investigar y evaluar constantemente para lograr los objetivos con mayor efectividad.

Pero, educar para la salud exige adquirir conocimientos, habilidades y prácticas no solo a universitarios de ramas sanitarias, también a aquellos que estudian Ciencias Sociales. En especial, los futuros educadores deben estar formados en la prevención y en la promoción de la salud. Para ello es necesario formar en varios niveles, incluyendo la formación de grado y la de posgrado o especialización. Las Universidades CEU ofrecen una completa oferta académica en este sentido, tanto en grados como en másteres. Pero, además, es vital la formación continua de los profesionales, su actualización constante y desarrollo profesional.